Tips de Belleza

 Las Arrugas

Te maquillabas frente al espejo, como todos los días, cuando descubriste el hallazgo fatal: una arruga en la frente… lejos de ese discurso tan repetido, el que afirma que las arrugas demuestran la experiencia y la sabiduría adquiridas en la vida, comenzaste a buscar otras marcas en la cara y, por supuesto, allí estaba el resto: patas de gallo y algunas líneas en la comisura de los labios. “Si todavía me falta para cumplir los 30…”, pensaste.

Es una realidad, si tienes entre 20 y 30 años ya habrás comenzado a notar la aparición gradual de arrugas en la cara. Por eso, si te preocupa, conviene que te enteres de su origen y sus posibles soluciones.

Técnicamente, las arrugas pueden clasificarse en primarias y secundarias. Las primarias, llamadas también “arrugas de expresión”, son las que indefectiblemente desarrollan todas las personas. Su aparición es consecuencia del movimiento de la musculatura del rostro durante la gesticulación.

En principio, se trata de arrugas dinámicas perceptibles únicamente cuando se realizan los gestos. Con el correr del tiempo, se dibujan sobre la piel y permanecen fijas, incluso sin gesticular. Es decir, si no quieres una cara de amargada, no te amargues porque se nota en la expresión.

Por otro lado, están las secundarias que surgen por un factor externo. El más común, claro, es la exposición a la radiación solar, de ahí la insistencia en el llamado foto envejecimiento y la necesidad de protección.

Los rayos ultravioletas favorecen el desarrollo de arrugas porque provocan un mecanismo de daño celular y de deshidratación. En personas jóvenes que tienen una intensa foto exposición, los efectos suelen desarrollarse tempranamente en forma de arrugas, manchas e incluso, lesiones malignas de piel.

Las más comunes en mujeres jóvenes son las arrugas de expresión. Sin embargo, se le pueden sumar las de factor genético o constitucional que provoca que el desarrollo y la profundidad de los surcos sean más o menos precoces.


Crema anti arrugas con sábila (aloe)

Ingredientes:
50 g de pepino
50 g de pulpa de aloe
50 ml de agua destilada

Preparación: Se bate el pepino con su pulpa y se le añade el aloe y el agua destilada, mezclándolo todo.
Uso: En cutis normal o graso puede aplicarse directamente la mezcla.

En cutis delicado se colará, utilizándose sólo el líquido. Debe dejarse actuar toda la noche y lavarse por la mañana con agua tibia. La crema ha de elaborarse cada 7 días, pues no puede conservarse por más tiempo. Si las arrugas son recientes y poco profundas se apreciarán resultados notables. (Consérvala a temperatura ambiente o si lo prefieres en refrigeración).








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